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7. Constantino y la Cruz

7. Constantino y la cruz

La Visión de Constantino y la Cruz (“In Hoc Signo Vinces”)

Un hecho sobresaliente que originó la adoración de una imagen de la cruz, estableciéndola firmemente en la Iglesia apóstata, fue la famosa “visión de la cruz” y la conversión” del emperador romano Constantino.

El día anterior a la batalla del Puente Milviano, Constantino oró a su dios-solar y se nos dice que apareció una cruz sobre el sol al poniente con la inscripción In hoc signo vinces, que significa “con este signo vencerás”. Al día siguiente, Constantino salió a la batalla tras un estandarte de la cruz. Venció en tal batalla y profesó convertirse. Naturalmente, tan “aparente” victoria para la cristiandad –la conversión del emperador como resultado de la visión de la cruz- aumentó de gran manera el uso de ésta en la Iglesia Romana.

¿Pero debemos suponer que el Señor Jesús dio tal visión al emperador Constantino? En realidad, hay poca razón para considerar esta visión como auténtica, especialmente debido a la falta de fundamento histórico. Eusebio es la única autoridad de quien se han podido recibir datos de este evento por los historiadores; sin embargo, el mismo Eusebio admitió ser propenso a crear y fue acusado de “falsificar eventos históricos”.

Puente Milvio, lugar de la conocida batalla donde Constantino ganó a Majencio por la mítica historia de la visión de la cruz.

Si realmente Constantino una vez tuvo esta visión, puedo asegurarles que no fue de Dios. La idea de nuestro Señor ordenara a un emperador pagano hacer un emblema en forma de cruz con el objeto de vencer bajo ese signo, no corresponde a las enseñanzas generales de la Biblia ni al espíritu del cristianismo. El Imperio romano (del cual Constantino era el líder) había sido llamado Bestia en las Escrituras. Daniel vio cuatro grandes bestias que representaban cuatro imperios importantes: Babilonia (león), Medo-Persia (oso), Grecia (leopardo) y Roma, una más espantosa que todas.

Esta cuarta bestia, el Imperio romano, era tan horrible a los ojos de Dios, que no tenía comparación con ninguna bestia terrenal (Daniel 7: 1-8).  Al considerar la maldad de esta bestia romana ante los ojos de Dios, ¿debemos suponer que el Señor Jesús se hizo líder de este sistema bestial? ¿Daría Jesús una visión a un emperador corrupto y lo enviaría a pelear como un representante? ¿Dijo Jesús alguna vez a sus discípulos que fueran a matar a otras gentes bajo un emblema de la cruz y en su nombre? ¡Claro que no! El fundamento del cristianismo se opone a las injusticias de la guerra, al odio y al asesinato. ¿Por qué hemos de suponer entonces que Cristo envió a Constantino a conquistar en su nombre y señal para edificar el sistema apóstata de Roma? Es obvio que tal visión no vino de nuestro Señor Jesucristo.

Las cuatro bestias descritas en el libro de Daniel capítulo 7.      La cuarta bestia es identificada con Roma.

Pero si la visión no fue de Dios, ¿por qué entonces se convirtió Constantino? El hecho es que la conversión de Constantino no fue más que un truco. Aunque este hombre tuvo mucho que ver en el establecimiento de ciertas doctrinas y costumbres dentro de la Iglesia como organización, los hechos revelan claramente que no se convirtió realmente en el sentido bíblico. Los historiadores admiten que la conversión de Constantino fue de conveniencia . La más clara indicación de que su conversión no fue genuina, puede notarse en el hecho de que después de la supuesta conversión, cometió varios asesinatos, ¡incluso el de su esposa e hijo! De acuerdo con las Escrituras, “ningún homicida tiene vida eterna” (1.a Juan 3:15).

El primer matrimonio de Constantino fue con Minervina, de quien engendró un hijo llamado Crispus. Su segunda esposa se llamó Fausta, quien le dio tres hijas y tres hijos. Crispus, su primer hijo, se hizo un gran guerrero y ayudante de su padre en las batallas. Pero en el año 326 –poco después de dirigir el Concilio de Nicea-, Constantino hizo matar a su hijo. Dice la historia que Crispus enamoró a Fausta, mujer de su padre. Al menos esto fue lo que la mujer declaró, ¡pero esto puedo ser una ardid para deshacerse de Crispus y dar acceso al trono a los hijos de su segundo matrimonio! Pero Helena, madre de Constantino, lo convenció de que fue Fausta quien entregó a Crispus, y el emperador ordenó que ejecutaran también a su segunda esposa [98] .

Pero no fueron éstos los únicos homicidios que cometió el emperador. Casi al mismo tiempo que decretaba la muerte de su hijo, Constantino mandó a matar a Licinianus, su sobrino, y a Liciano, el esposo de su hermana, ¡a pesar de que había prometido a ésta que le perdonaría la vida! [99]

Incluso después de la supuesta conversión de Constantino, éste siguió reteniendo el título de máximo pontífice del estado religioso pagano [100] . Como pontífice tenía que dirigir las ceremonias del culto tradicional. De igual manera, cuando dedicó Constantinopla, usó ritos paganos y cristianos. Una muestra de cómo Constantino trató de mezclar el paganismo y el cristianismo, se puede ver en las monedas que se hicieron en su período. En ellas puso una cruz (para complacer a los cristianos profesantes) mientras que en el reverso puso representaciones de Marte o Apolo. Por un lado profesaba ser cristiano y por el otro continuaba creyendo en las fórmulas mágicas paganas para proteger los sembrados y sanar las enfermedades [101] .

Constantino hizo muchos favores a la cristiandad: abolió la muerte por crucifixión, mostró interés y ayudó al clero de la Iglesia Romana, terminó con las crueles persecuciones de los cristianos. Entonces, si en verdad no fue cristiano, ¿por qué hizo estas cosas? La respuesta a esta pregunta la encontramos claramente en la historia.

Las persecuciones no habían podido eliminar la fe cristiana. Constantino sabía esto. Al ver que su posición estaba siendo puesta en peligro debido a un emperador rival y por su extrema necesidad de recibir ayuda de todos los grupos existentes, se volvió hacia los cristianos. En vez de que el Imperio estuviera “dividido” constantemente –los paganos oponiéndose a los cristianos -, ¿por qué no planear en tomar ciertas medidas necesarias para mezclar el paganismo y el cristianismo y de una vez unir el poder del Imperio? Fue esto lo que Constantino razonó. Para esta época, la mayoría de los líderes eclesiásticos pensaban en términos de números y popularidad, en lugar de preocuparse por la verdad y la espiritualidad del pueblo cristiano, así que estaban bastante bien dispuestos a dar acceso al paganismo.

Esto fue exactamente lo que sucedió en Roma. Al adoptar la cruz como emblema de su ejército, Constantino pensó que podía fomentar la unidad de sus topas. Los cristianos apóstatas pensaban que peleaban por la cruz de Cristo; los paganos no podían hacer reclamaciones porque la cruz era también uno de sus emblemas sagrados. El conocido historiador Durant dice: “En los ejércitos de Constantino, la cruz no podía ofender a los adoradores de Mitra [los paganos], pues por mucho tiempo habían batallado bajo el estandarte mitraico de la cruz de luz” [102] . Y así los llamados cristianos y mitraístas paganos del ejército de Constantino fueron unidos y lucharon con éxito en las batallas.

Otro hecho que contribuyó al culto de la cruz en la Iglesia de Roma, se centró alrededor de Helena, la madre de Constantino. En el año 326, cuando tenía cerca de 80 años de edad –de acuerdo a la leyenda -, hizo una peregrinación a Jerusalén y allí, con la ayuda de un judío que conocía de sus gustos supersticiosos, halló tres cruces. La cruz original fue identificada –así se espera que lo creamos- , porque se dice que hizo milagros a las indicaciones de Macario, obispo de Jerusalén. Las otras dos cruces no produjeron milagros. De tal manera que Helena –siempre según la tradición histórica- halló ¡la verdadera cruz donde murió Jesús! Pero esta cruz “verdadera”, sin duda alguna era falsa, pues de acuerdo con las leyes judías, era necesario quemar las cruces después de la crucifixión. [103]

Estatua de Helena, madre de Constantino
(Museo Capitolino, Roma)

Parece ser cierto históricamente que Helena visitó Jerusalén, pero la historia del descubrimiento de la cruz, fue, evidentemente, añadida más tarde, dado que no se dio a conocer sino hasta el año 440 d. De C., ¡es decir, 114 años más tarde! [104]

Supongamos que, efectivamente, alguien encontrase la cruz en la cual murió Jesús. ¿Habría virtud alguna en el trozo de madera? ¡No, en absoluto! La cruz del Calvario hizo su función tal como la serpiente de bronce hizo la suya cuando los hijos de Israel eran mordidos por las serpientes. Recordemos que Moisés tenía una serpiente de bronce, la cual levantó de un extremo.

Esto fue un prototipo de cómo Cristo debería ser levantado (Juan 3:15). Sin embargo, después que la serpiente hubo hecho su función, los israelitas la conservaron y finalmente la adoraron (2. ° Reyes 18:4). ¡Hicieron de ella una reliquia e intentaron copiar el uso pagano y mezclarlo en su religión! Ezechías “hizo lo recto ante los ojos de Jehová” al hacer pedazos la serpiente de bronce. De igual manera, si tuviéramos la cruz original –si aún existiese -, no habría razón alguna para elevarla como objeto de adoración ¿Por qué? Porque ya cumplió su función. Si no hubo entonces poder en la “verdadera” cruz, ¡cuánto menos poder hay en un trozo de madera en forma de cruz! En vista de esto, es obvio que el uso de la cruz de cualquier forma o figura, como objeto de adoración, ¡es una burla al culto verdadero el cual es culto al propio Cristo!

Pero cada siglo trajo más superstición a la Iglesia Romana en cuanto a la cruz. Esta vino a ser reconocida como protectora. ¿Acaso no había ayudado a Constantino a triunfar en la batalla del Puente Milviano? ¿No había hecho milagros la cruz para Helena? Por estas razones llegó a ser reconocida como una imagen que espantaba los espíritus malignos. Se portaba como amuleto. Se comenzó a poner en las torres de las iglesias para ahuyentar a los relámpagos. Pero debido a la altura de la cruz sobre las torres, ¡esto constituía precisamente la causa principal por la que caían más relámpagos sobre los edificios! El uso de la cruz en los hogares se hace para ahuyentar problemas domésticos y enfermedades. Al igual que los egipcios habían levantado sus obeliscos, no sólo como un símbolo de su dios, sino en algunos casos se creía que la imagen era poseedora de fuerzas sobrenaturales; el pueblo comenzó a venerar la cruz. Miles de trozos de madera –supuestamente pedazos de la “cruz original”- se vendieron como protectores y amuletos. El relato de cómo ésta y otras reliquias se elevaron a un sitio de popularidad, es dado en el  siguiente artículo.

[97] El hombre y sus dioses, p. 220.

[98] Historia de la Civilización – Cesár y Cristo, p. 663.3.

[99] Ibid., p. 663; Italia medieval, p. 4.

[100] El desarrollo de la Iglesia cristiana.

101 Historia de la civilización, p. 653.

[102] Ibid., p. 665.

[103] Fausset, p. 145.

[104] Enciclopedia de las religiones, Vol. 1, p. 494.

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